Grandes oportunidades: aprender a reconocer lo que ya tenemos

Grandes oportunidades aprender a reconocer lo que ya tenemos

¿Crees que todos reconocen las oportunidades cuando se presentan?
¿Crees que todos saben, en realidad, qué es una oportunidad?
Y más aún: ¿nuestros alumnos saben distinguir entre una oportunidad y una ventaja?

Vivimos en una época donde se habla constantemente de “aprovechar las oportunidades”, pero pocas veces nos detenemos a reflexionar si realmente somos capaces de reconocerlas. Muchas oportunidades no llegan envueltas en algo extraordinario; están ahí, en lo cotidiano, en lo que damos por hecho, en lo que ya forma parte de nuestra vida diaria.

Un ejercicio que revela más de lo que parece

En una ocasión, trabajando con un grupo de alumnos de nivel secundaria, les pedí que numeraran una hoja del 1 al 50. Cuando terminaron, les di una instrucción muy clara:
“Escriban todas las cosas con las que cuentan hoy y que les brindan la oportunidad de triunfar en la vida, de alcanzar sus metas y lograr sus sueños. No personas, solo objetos, recursos materiales, cosas concretas”.

No les dije cuánto tiempo tenían. Simplemente los observé.
Cuando noté que la mayoría había dejado de escribir, les pedí que se detuvieran y contaran cuántos elementos habían anotado.

Las respuestas fueron reveladoras:
5, 7, 9, 12…
El número más alto fue 17.

Le pedí al alumno que había escrito más que leyera su lista en voz alta. Mientras lo hacía, pude observar cómo algunos compañeros agregaban mentalmente cosas que no habían considerado, otros asentían con la cabeza, reconociendo que sí tenían más, pero no las habían pensado.

Más ricos de lo que imaginan

Al finalizar, les hice una pregunta que los desconcertó:
“¿Se han dado cuenta de que hoy ustedes son más ricos que los reyes del siglo XVIII o XIX?”

La mayoría negó con la cabeza. ¿Cómo podría ser eso posible?

Entonces comenzamos a reflexionar juntos. Les expliqué que hoy cuentan con agua potable en casa, gas, electricidad, acceso a internet, comunicación inmediata con cualquier parte del mundo, transporte que les permite desplazarse con facilidad, caminos y carreteras que antes no existían.
Les hablé de cosas tan básicas —y tan valiosas— como papel de baño, jabón, una cama, una cobija, ropa cómoda, alimentos disponibles en la tienda de la esquina, medicamentos, luz por la noche, información al alcance de un dispositivo.

Todo eso, en otras épocas, era un privilegio impensable incluso para quienes gobernaban naciones.

Cuando dejamos de ver lo que sí tenemos

El problema no es la falta de oportunidades.
El problema es que muchas veces estamos tan enfocados en lo que no tenemos, que dejamos de ver todo lo que sí está a nuestro alcance.

Después de esta reflexión, les pedí que retomaran su lista y la completaran nuevamente. El resultado fue sorprendente: muchos llegaron a 70, 80… algunos casi a 100.

No había cambiado su realidad.
Había cambiado su mirada.

Educar para reconocer y agradecer

Concientizar a nuestros alumnos sobre las oportunidades reales con las que cuentan es una tarea educativa fundamental. Reconocer los recursos disponibles fortalece la autoestima, fomenta la gratitud y despierta la responsabilidad personal.

Valorar lo que se tiene no significa conformarse; significa partir de una base sólida para crecer. Quien reconoce sus oportunidades tiene mayor claridad para aprovecharlas. Quien aprende a agradecer lo cotidiano, desarrolla una mentalidad de crecimiento.

Tal vez uno de los mayores aprendizajes que podemos ofrecer desde la educación no sea mostrar lo que falta, sino ayudar a descubrir todo lo que ya está ahí… esperando ser utilizado.

Porque las grandes oportunidades no siempre llegan:
muchas veces, ya están en nuestras manos.

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